Trabajo muchas horas frente a la computadora y cuando empieza una migraña sé bastante rápido lo que puede venir después: dolor pulsátil, molestia con la luz y, algunas veces, náuseas. Lo que más valoro de Migralis es que no tengo que interrumpir todo para usarlo. Lo aplico en las sienes, siento el frescor y puedo seguir con mi rutina mientras veo cómo evoluciona el episodio. Por tamaño y practicidad, terminó quedándose permanentemente en mi escritorio.